La casa común

Una mañana de un domingo cualquiera, se escuchan gritos desde la cocina. Los hermanos discuten acaloradamente. Se diría que están a punto de llegar a las manos. Uno de ellos grita que quiere irse. Dice que no soporta la situación ni un minuto más. Que desde que fallecieron los padres las cosas han ido de mal en peor y ya entonces debería haberse marchado.
Otro hermano calla, pero en el fondo piensa lo mismo y esta un poco harto de ser el malo de la película. El hermano mayor cada vez grita más y más, algunos hermanos le jalean, otros guardan silencio.
Cuando mas desatada está la situación interviene el más joven:

“Calma hermanos, recordad que somos eso, hermanos. Seguro que podemos encontrar una solución donde podamos entendernos y convivir de algún modo.”

“Tengo una idea. Porque no en lugar de tirarnos los trastos a la cabeza y acabar cada uno por su lado, compartimos la casa de otro modo.”

“A ver Jordi e Iñaki siempre han querido vender su parte de la casa y marcharse de aquí”.
Carlos siempre ha querido que permanezcamos juntos, en la casa de nuestros padres mientras los demás asentíais pero callabais.
Pero Carlos, debes entender que a todos no nos tiene que encajar el mismo modelo de convivencia. Ya somos adultos y algunos de nosotros podemos querer tener independencia, formar una familia, etc.”

“Creo tener un solución que puede hacer que todos os sintáis cómodos.
Dividimos la casa en apartamentos independientes. Uno para Jordi, otro para Iñaki, otro para Javier, otro para Xuxo, uno más para Chesus y el más grande para Carlos y los que decidan vivir con el. De paso, como ninguno tenemos coche, hacemos otro apartamento y le proponemos al primo Joao que venga a vivir con nosotros. Hace tiempo que vive solo y es muy probable que le puede interesar.”

De este modo todos vivimos en la misma casa, pero de modo que si en algún momento alguien decide marchase por completo, puede vender su apartamento sin más explicación.
Pero pensad que de este modo, nos vamos a ver todos los días, nos prestaremos libros, el azúcar y lo mas importante, podemos seguir abrazándonos a diario. Incluso podremos ir a jugar al fútbol al patio de atrás soñando con jugar en el Barça y el Madrid como cuando éramos niños”

En ese momento, la disputa quedó zanjada dando paso en una conversación relajada en un desayuno relajado de un domingo relajado cualquiera entre Colacoao, tostadas y risas.

Un año después, en el buzón de aquella casa se podía leer “República Federal Ibérica”.

Deja un comentario