EL DESBORDE DE UNA MAREA

“Desborde”. Desborde se está convirtiendo en el término de moda en la política de estos días.
Desborde, confluencia, Unidad popular, Confluencia ciudadana, son términos que no dejan de sonar y sonar planeando sobre innumerables artículos desde el 24M a esta parte.

La cúpula de Podemos en cambio cierra esta posibilidad en banda, siempre que no sea aceptando con su marca y su liderazgo, alegando de este modo que “las puertas están abiertas para todo el mundo”. Eso en mi opinión no se llama confluencia, se llama integración o absorción.

No se llega a entender entonces que la cúpula de Podemos utilice Vistalegre como un cheque en blanco a la hora de tomar cualquier decisión o estrategia y que desde aquella asamblea quedara todo “atado y bien atado”. En cambio nos dijeron que “nada está escrito en piedra” y por tanto, no se entendería que no nos adaptemos a una nueva realidad siempre cambiante y que por tanto no tememos nuevas decisiones y estrategias.

Tampoco se entiende que los dirigentes de Podemos estén en cambio dispuestos a pactar confluencias en determinados territorios desde arriba, desde los despachos, alejándose de los mismos principios con los que se les ha llenado la boca y hurtando ese mismo derecho al resto del estado. Estableciéndose así, dentro de Podemos, territorios de primera y territorios de segunda.

Para que Podemos sirva para algo en estos momentos tiene que volver a los orígenes, tiene que ser desbordado, rebasado, envuelto, dejándose arrastrar por una auténtica marea de entusiasmo y participación. Una marea que sea diversa, integradora, amable, positiva y sobre todo que parta de la base y no de arriba.

Si Podemos no da ese paso, y se queda en la verticalidad actual, por defender una marca y un liderazgo en concreto, anulará sus propias posibilidades y se quedará a las puertas del triunfo. Puede tener un buen resultado, pero no le alcanzará para tener la posibilidad de cambiar este país. Porque si Podemos deja a un lado a sus bases y al resto de la gente, amparándose en la representatividad alcanzada, no logrará apasionar ni movilizar a una ciudadanía que de otro modo le puede ofrecer la victoria en bandeja.
Y no debemos olvidar, que Podemos salió para ganar y cambiarlo todo, no vino para perder o para ganar las migajas de unos escaños.

Llegados a este punto, mi visón de Podemos es como la primera fase de un carguero espacial que ha sido capaz de llegar a la estratosfera, pero que por si sola nunca podrá salir al espacio. Para ello necesita pasar a una nueva fase, adoptando otra forma. Y a mi modo de ver esa fase, la actual, se llama confluencia. Confluencia de la gente desde la base, confluencia auto-organizada por la base, con liderazgos surgidos o elegidos en común, y bajo la marca que se decida en común.

Para ello debemos partir de la experiencia de procesos municipalistas que tan buenos resultados han cosechado como Ahora Madrid, Zaragoza en Común, Barcelona en Comú, las Mareas Atlánticas y tantos otros ejemplos. Aprender de ellos y extenderlos a nivel provincial, para alcanzar procesos convergentes pero descentralizados. Procesos en los que los partidos no lideren nada, se echen a un lado y dejen que la gente fluya, la creatividad fluya, y se obtenga de este modo un empuje arrebatador. Si así somos capaces de hacerlo podemos desbordarles como una marea.
Vamos a demostrar que podemos recuperar la participación y el poder de ilusionar a la gente, antes y sobre todo después de las elecciones.

Por todo ello, hago mías unas palabras de Javier Gallego Crudo (Carne cruda):
“Hay que nombrar lo que no existe para hacerlo real. Para crear una nueva ilusión. Hay que hacer visible que ahora es el momento y que vamos juntos. Ahora en común. O como queráis llamarlo.”